31/03/2016

Una mala señal

Una mala señal

Hace algunos días, comentaba con un abogado, experto en telecomunicaciones, que me preocupaba el hecho de que ninguno de los planes de gobierno hace referencia a la problemática de las barreras legales y burocráticas que están frenando la tan necesaria expansión de la infraestructura de telefonía móvil (básicamente, antenas). “Es que ese es más un problema municipal”, me contestó, casi resignado.

Es cierto que son las municipalidades las que están bloqueando o retrasando la emisión de nuevas licencias. Para ello, recurren a varias “estrategias” legales: se inventan requisitos que no son exigidos en la Ley aplicable (incluyéndolos o no en sus TUPA); regulan la zonificación de manera tal que se hace muy difícil o imposible encontrar una locación; algunas, incluso, ni regulan el trámite y en virtud de ello no aceptan solicitudes.

Ello no quiere decir, sin embargo, que este sea un problema exclusivamente municipal. En primer lugar, la expansión de la infraestructura, en general, debe ser una política de Estado. Para millones de peruanos será mucho más difícil salir de la pobreza si no están conectados a los mercados. Ello implica carreteras y puentes, pero también teléfonos e internet (móviles). Según un estudio del Instituto Peruano de Economía de 2014, un incremento de 1% en la densidad de teléfonos móviles reduce la tasa de pobreza en 0.08%. No debe soslayarse, tampoco, la importancia que pueden tener las telecomunicaciones para la seguridad ciudadana: taxis más seguros contactado desde tu celular; y aplicaciones con alertas para contactar a las autoridades en caso de emergencia. También han sido una herramienta exitosa para la inclusión financiera.

En segundo lugar, estas barreras, aunque de naturaleza legal y burocrática, tienen un origen político. Las municipalidades no quieren dar licencias porque sus vecinos (quienes los eligen o reeligen) no quieren más antenas. En efecto, según una encuesta de Datum de 2013, por ejemplo, un 53% de los encuestados considera que las antenas generan daños a la salud de las personas. Un 48% cree que causan cáncer (y en el sector A/B 50% de los encuestados lo cree). Un problema político requiere una solución política. Es necesario que, aparte de realizar reformas legales, nuestros líderes al más alto nivel se compren el pleito y convenzan a alcaldes y ciudadanos de la necesidad y conveniencia de contar con una infraestructura de telecomunicaciones a la altura del Siglo XXI, infraestructura que además, como se ha comprobado científicamente, no conlleva riesgo alguno para la salud. Durante este gobierno, el Ministro de Telecomunicaciones citó hasta cinco veces a un alcalde distrital de Lima cuya municipalidad estaba negando licencias para la instalación de antenas arbitrariamente. El alcalde nunca asistió. ¿Haría lo mismo con el Presidente de la República?

Napoleón Bonaparte dijo alguna vez que “un líder es un vendedor de esperanzas”. El Perú necesita un líder que nos devuelva la esperanza en que el Estado de Derecho y el desarrollo son posibles.

Por: Mario Zúñiga

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